ENCUENTROS con Lucrecia

Gemas

Atrás, quedaban los mercaderes atrás en la encrucijada del camino,- un rato quedo en cual camino tomar-.

En ella-la E-se había detenido. Ahora, de nuevo sólo había lápices, estuches estilograficos translúcidos de colores; comenzando por el negro, de onís siempre presente y, amado en su vida.

Aquél primer ónice que adquirió a la salida de su primera estancia en el consultorio, paseando por la calle distraído. Aquél otro que vio en un escaparate de aspecto griego y plata vieja.

Ellos hacian vislumbrar las letras adornadas de piedras preciosas de las mejores naturales, en los últimos corales, de las penultimas esmeraldas, raras rodrocrositas, malaquitas y, el negro del onis, siempre ónice.


En los últimos días los había ajustado en sus dedos más delgados. Enmarcados en la plata más auténtica.


Atrás quedaban los mercaderes. Sólo manos compartidas en esas preciosas gemas.

Karlh

Onice griego

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