Dos en uno

Érase una vez
un niño
que nació en el país de U
tenía dos bocas
Y una sola oreja
Al verlo su madre
quedó maravillada
Este niño se dijo, será grande
hablará múltiples lenguas
y escuchará sólo el lenguaje
el de la compasión,
dos en uno
Karlosh

LA RUEDA

De siempre me ha gustado el blues. No sé que tiene esa música. Quizá el contar sobre la vida. Y hacerlo a un ritmo de 12 compases. El número es lo de menos; podrían ser 11 0 13 o por qué no 10?.

Amo la vida, y el blues es como una rueda; una rueda en la que cabe la improvisación. Cuando llegas al que parece el último compás vuelves a empezar, pero no vueves nunca al mismo sitio en un ejercicio memorístico.

Vuelves a una nueva página: unas nuevas palabras, nuevos sonidos, nuevas frases.
La rueda no ahoga nunca la vida, no debe.

Karlosh

blues, vida, rueda, pagina, palabras sonidos

Sara y el algoritmo

Faltaban apenas cinco minutos para la salida del tren. Después de acomodar las maletas en el altillo de los asientos salieron al andén para fumar un cigarrillo; un señor grueso les pidió ayuda para colocar una enorme maleta en el portaequipajes del pasillo

El viaje se presentaba largo con una breve parada en una estación intermedia en la que habitualmente había trasiego de viajeros que bajaban y subían. Esta vez los asientos a dos estaban enfrentados por una mesita que formaba un rectángulo perfecto en medio de ellos.

Enfrente de ellos junto a la ventanilla se sentó un chico de pelo alborotado y moreno, provisto de útiles de trabajo. Con parsimonia extendió sobre la mesa unos folios en blanco y del portalapices extrajo un rotulador negro de punta fina. Con una precisión que parecía urgente dibujó en medio del papel un círculo y unos ejes de coordenadas que lo atravesaban de lado a lado en diferentes posiciones formando ángulos.

Ante el asombro de él, comenzó a escribir fórmulas matemáticas alrededor del círculo. Aquello fue solo el comienzo porque a medida que avanzaba el tren escribía más y más rellenando el papel. De vez en cuando levantaba la vista mirando por la ventanilla para volver enseguida a formular. Sin duda, pensó, este chico debe ser un genio matemático; no había visto cosa igual. La luz del sol entraba por la ventana y ella le pidió permiso para bajar la persiana. El muchacho parecía desconcertado como si aquello fuese un atentado pero enseguida continuó: los rayos del sol, ahora filtrados por la persiana, seguían multiplicando las ecuaciones.

Entonces cayó en la cuenta, Sara debía conocer el algoritmo para hallar las raíces cuadradas.

Karlosh