HORIZONTES

Sólo por eso,
porque tuviste
el valor y el coraje
de abrazar y abrazarte
Porque en lo más secreto
libraste la mayor
de las batallas
tu dignidad o
sentirte miserable
Y en esa resbaladiza frontera
entre el desasosiego y la duda
te mediste en tu cobardía
Porque tuviste el valor
y el coraje de hacerlo
vas a lograrlo

Encuentros con Lucrecia

La terraza, la del viejo rosal que ya no daba rosas, solo troncos y hojas que se entrelazaban por los barrotes de la barandilla.

“Esto es una pocilga” oyó detrás suyo, mientras jabonaba apresuradamente unos platos que habían quedado olvidados desde el día que había estado por última vez.

Desde entonces no había vuelto. Había dejado las persianas de las habitaciones subidas para que entrase la luz y, la contraventana de hierro forjado del salón que da a la terraza, semiabierta.

Sin embargo aquella frase dicha de modo lacónico, sin matizes y, sin importarle ya quién la dijera, resonó en sus oídos y dejó los platos en el fregadero.

Kh

Establo

ESTAMOS

Tengo mariposas que revolotean pensando en ti. Es algo nuevo, no recuerdo si las tuve alguna vez.

No te vas de mi pensamiento que en tus manos se siente acogido.

En tu universo quiero estar, bebiendo de tus aguas y quemandome en tu fuego

No importa el lugar en el que esté, solo quiero mirarte y contemplarme en tu mirada.
Karlosh

UNA ETAPA SUPERADA

Cuando en un día como en el de hoy en la Cataluña, histórico en la España de hoy, y en la del futuro, siempre imprevisible, se dice que es una etapa ya superada – por nuestro presidente en funciones hoy mismo- no sé que pensar si lo será para él y sus partidarios, o para los ciudadanos tan plurales.
Una vez más a los políticos les traiciona su discurso.
Más bien pienso que no ha hecho más que empezar.
En la del futuro espero que no reinen los jueces y fiscales- servidores de la ley imperante – sino los talentos creativos.
Karlosh

El OPIO de la cultura

Marina Iborra

¿LA CULTURA UN ESTUPEFACIENTE?

Algunos dicen que la cultura es un estupefaciente, – un opio- más amordecedor todavía que la religión. Que es peor envenenarse que envenenar, matarse que matar….

Para darme un poquito de luz traigo algunas palabras de Albert Camus en el discurso pronunciado al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1958

“Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de personas ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y si han de tomar un partido en este mundo, este solo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual”

MORBO


Nunca me gustaron mucho las manzanas pero aquel día decidí comerme una; en realidad quería tirarla por la ventana pero me pareció demasiado grande y pesada. De dar a alguien podía causarle un gran daño.

Decidí dar un mordisco y hacerla así más pequeña, y lo que quedase – el hueso y poco más – arrojarlo a alguien que pasase por la calle. Aquello tenía morbo y puse en acción lo que estaba pensando.

Me comí la manzana y apostado en la ventana de la habitación divise alguien que pasaba. Apunté y tiré. Al cabo de unos segundos no pude evitar la curiosidad de saber lo que había pasado y asomarme para ver. Y cuando lo hice vi que alguien miraba hacia arriba y quedé al descubierto.

Llamaron a la puerta y me escondí en la ducha del cuarto de baño con las cortinas corridas.

Me sentía mal después de lo que había hecho y más todavía por esconderme, me parecía una cobardia. Al fin, los golpes en la puerta cesaron.

Karlosh

Imgur

ENCUENTROS con Lucrecia

Gemas

Atrás, quedaban los mercaderes atrás en la encrucijada del camino,- un rato quedo en cual camino tomar-.

En ella-la E-se había detenido. Ahora, de nuevo sólo había lápices, estuches estilograficos translúcidos de colores; comenzando por el negro, de onís siempre presente y, amado en su vida.

Aquél primer ónice que adquirió a la salida de su primera estancia en el consultorio, paseando por la calle distraído. Aquél otro que vio en un escaparate de aspecto griego y plata vieja.

Ellos hacian vislumbrar las letras adornadas de piedras preciosas de las mejores naturales, en los últimos corales, de las penultimas esmeraldas, raras rodrocrositas, malaquitas y, el negro del onis, siempre ónice.


En los últimos días los había ajustado en sus dedos más delgados. Enmarcados en la plata más auténtica.


Atrás quedaban los mercaderes. Sólo manos compartidas en esas preciosas gemas.

Karlh

Onice griego