ENCUENTROS con Lucrecia

Gemas

Atrás, quedaban los mercaderes atrás en la encrucijada del camino,- un rato quedo en cual camino tomar-.

En ella-la E-se había detenido. Ahora, de nuevo sólo había lápices, estuches estilograficos translúcidos de colores; comenzando por el negro, de onís siempre presente y, amado en su vida.

Aquél primer ónice que adquirió a la salida de su primera estancia en el consultorio, paseando por la calle distraído. Aquél otro que vio en un escaparate de aspecto griego y plata vieja.

Ellos hacian vislumbrar las letras adornadas de piedras preciosas de las mejores naturales, en los últimos corales, de las penultimas esmeraldas, raras rodrocrositas, malaquitas y, el negro del onis, siempre ónice.


En los últimos días los había ajustado en sus dedos más delgados. Enmarcados en la plata más auténtica.


Atrás quedaban los mercaderes. Sólo manos compartidas en esas preciosas gemas.

Karlh

Onice griego

ENCUENTROS CON LUCRECIA

Un retrato robot

Pasados los años aquel encuentro con Lucrecia cobraba mayor sentido para él. Le dieron una pequeña cartilla que aún conservaba con el número de su historia clínica. En ella iba anotando con tinta cada una de sus visitas al centro de salud mental.

En el mostrador verificaban el día y la hora. Y luego pasaba a la salita de espera, para atender a su llamada.
El edificio era de ladrillo visto, que tanto le gustaba y, en el patio vigas de hierro pintadas de un color rojizo.

La primera vez Lucrecia leyó unas líneas no escritas por él, en las que alguien le hacía un retrato psicologico descriptivo de como era.

Ella se quedó perpleja, y le preguntó
-¿así eres?
Él no supo que contestar, solo dijo – no sé…
Y se echaron a reír.

La risa era la mejor respuesta para algunas personas que se ponen muy serias diciendo cómo eres, y utilizan un lenguaje muy estudiado.

Aquel fue un primer encuentro de muchos que vinieron después…

Ksrlosh

Humanoid robot